El artista argentino prepara su partida hacia Italia para montar «Monitor Yin Yang», una obra de grandes dimensiones creada con sal y carbón en el Pabellón Argentino de la 61ª edición del prestigioso evento internacional.
Matías Duville se encuentra en la etapa final de los preparativos para su participación en la 61ª Bienal de Venecia, donde será el representante de Argentina. Su obra, titulada «Monitor Yin Yang», es una instalación de escala monumental que ocupará los 500 metros cuadrados del Pabellón Argentino.
La pieza, descrita como la más ambiciosa del artista, está compuesta por aproximadamente 30 toneladas de sal y carbón molido. Duville creará un dibujo de grandes dimensiones, de unos 40 metros de largo, que el público podrá transitar, en una experiencia que integra lo sonoro, espacial y performático.
«Hay una especie de evolución. Uno sale distinto de un proceso de trabajo así», comentó el artista desde su estudio en Buenos Aires, reconociendo la ansiedad y expectativa previas al viaje. El proyecto demandó meses de trabajo, pruebas de materiales, luces y sonido.
La obra dialoga con preocupaciones previas en la trayectoria de Duville, como el cambio y la transformación del paisaje, temas explorados en trabajos anteriores como «Hogar». En esta ocasión, la elección de la sal como material principal establece un vínculo histórico con Venecia, ciudad cuya riqueza inicial se basó en la producción y comercio de este mineral.
Un componente fundamental de la instalación es el sonido, desarrollado en colaboración con su hermano Pablo, en la banda Centoya, y con el músico italiano Alvise Vidolin del Centro di Sonología Computazionale de la Universidad de Padua. El sistema diseñado permitirá que las condiciones ambientales, como el aire, modifiquen los tracks sonoros en tiempo real, haciendo que la experiencia auditiva sea siempre única.
Duville destacó el deseo de «salir un poco de la pantalla» después de un período de intenso trabajo digital, y expresó su interés por proyectos donde el resultado final mantiene un componente de incertidumbre y transformación, definiendo la obra como una «cartografía abierta» que será modificada por los espectadores.
